Hola a todos,

Criar a nuestros dos niños increíbles, Adrián y Guillermo, ha sido un viaje lleno de giros inesperados, desafíos y triunfos. Algunos días, me despierto sintiéndome abrumada, con ganas de quedarme en la cama y dejar que el mundo siga girando sin mí. En esos días, el peso de la maternidad se siente más fuerte: la incertidumbre de lo que traerá el día, las dificultades, las crisis. Pero entonces los veo: la sonrisa de Adrián iluminando la habitación, la risa contagiosa de Guillermo. Y algo dentro de mí cambia. Su felicidad, sus progresos y las pequeñas victorias me recuerdan por qué seguimos adelante.

El amor lo es todo.

Luis y yo hemos aprendido a tomar un día a la vez. Con dos niños autistas, no hay dos días iguales. Algunos días están llenos de avances, mientras que otros vienen con momentos en los que nos sentimos perdidos o inseguros. Pero cada día lo enfrentamos juntos, como una familia, unidos por el amor y el profundo vínculo que compartimos.

Adrián y Guillermo tienen personalidades muy diferentes. Adrián es curioso, reflexivo y le encanta explorar el mundo a través de su propia mirada única. Guillermo es enérgico, juguetón, muy musical y lleno de vida. Estas dos pequeñas almas nos han enseñado más de lo que jamás imaginamos sobre la paciencia, el amor incondicional y lo que significa abrir verdaderamente el corazón y la mente a nuevas perspectivas.

Al principio, teníamos miedo. Miedo de lo que podría deparar el futuro, miedo a lo desconocido. Pero con el tiempo, nos hemos vuelto más fuertes. Hemos descubierto una fuerza que no sabíamos que teníamos y un amor tan profundo que trasciende cualquier desafío que enfrentemos. Hemos aprendido a soltar las expectativas y a abrazar la belleza de su singularidad.

Nuestro viaje con Adrián y Guillermo nos ha enseñado que la vida no se trata de compararlos con otros o desear que las cosas fueran diferentes. Se trata de celebrar sus victorias, sin importar cuán pequeñas sean, y encontrar alegría en los momentos en los que prosperan. Verlos florecer, verlos felices y saludables, ha sido la mayor recompensa.

Todavía hay días en los que me siento abrumada, en los que las lágrimas fluyen y en los que me pregunto si estoy haciendo lo suficiente como madre. Pero sé que Luis y yo estamos haciendo todo lo que podemos. Juntos, somos más fuertes. Y con nuestros niños a nuestro lado, enfrentamos cada día con valentía, sabiendo que, pase lo que pase, les estamos dando todo el amor y el apoyo que necesitan para ser la mejor versión de sí mismos.

Adrián y Guillermo llegaron a nuestras vidas para enseñarnos algo importante: que el amor no se trata de perfección. Se trata de abrazar el viaje, con sus altibajos, y apreciar los hermosos momentos de crecimiento, conexión y felicidad en el camino.

Así que aquí estamos, tomando un día a la vez, valorando cada hito y aprendiendo a vivir en el presente. Estamos agradecidos por las lecciones que nuestros niños nos han enseñado y por la forma en que nos siguen inspirando cada día. No siempre es fácil, pero siempre vale la pena. Y juntos, como familia, seguiremos adelante, más fuertes y más unidos que nunca.

Con amor y comprensión,
Dalisse

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