Como padres, todos queremos ver a nuestros hijos prosperar socialmente: que se sientan cómodos, conectados y seguros en sus interacciones. Pero para los padres de niños autistas, este camino suele venir con un desafío extra: ¿cómo apoyamos su desarrollo social sin presionarlos para que “encajen”?

Nosotros hemos estado ahí. Como padres de Adrián y Guillermo, hemos sentido esa lucha entre querer ayudarlos a navegar situaciones sociales y el miedo a empujarlos a situaciones que no le sientan bien. Con el tiempo, hemos aprendido que la clave no está en cambiar quiénes son, sino en crear espacios donde se sientan seguros, aceptados y libres para socializar a su manera.

Porque esta es la verdad: los niños autistas no necesitan “encajar” para prosperar. Necesitan sentirse cómodos siendo ellos mismos. Y cuando dejamos de lado la presión por «encajar», abrimos la puerta a conexiones genuinas y a un bienestar a largo plazo.

Por qué la aceptación es importante

Cuando nos enfocamos demasiado en “corregir” o “mejorar” las habilidades sociales, corremos el riesgo de enviar el mensaje de que su forma natural de interactuar no es lo suficientemente buena. Esto puede llevar al enmascaramiento—donde los niños aprenden a ocultar su verdadero yo para cumplir con las expectativas sociales. Aunque el enmascaramiento pueda parecer útil a corto plazo, puede tener consecuencias graves a medida que crecen, como agotamiento, ansiedad y una pérdida de identidad.

En cambio, nuestro objetivo debería ser ayudarles a sentirse cómodos y seguros en entornos sociales—no cambiar cómo socializan, sino apoyarlos para que se expresen de manera auténtica.

Herramientas para la comodidad, no para la conformidad

Estas son algunas estrategias que nos han ayudado a crear un entorno de apoyo para Adrián y Guillermo—uno que prioriza su comodidad y celebra su forma única de socializar:

1. Historias sociales para entender, no para presionar

Las historias sociales son una herramienta maravillosa para ayudar a los niños autistas a comprender situaciones sociales sin sentirse presionados a actuar. Estas narrativas visuales explican qué esperar de una manera clara y predecible, reduciendo la ansiedad y ayudándoles a sentirse preparados.

Por ejemplo, en lugar de enseñarles a “hacer contacto visual porque es educado,” usamos historias sociales para explicar por qué las personas pueden mirarse durante las conversaciones—y les dejamos decidir qué les resulta cómodo a ellos.

2. Juegos de roles como exploración, no como práctica

Los juegos de roles pueden ser una excelente manera de explorar interacciones sociales sin presión. En lugar de “practicar” para hacerlo “bien,” usamos los juegos de roles para ayudar a Adrián y Guillermo a experimentar con diferentes formas de comunicarse y conectar.

El objetivo no es imitar el comportamiento neurotípico, sino ayudarlos a encontrar su propia voz y estilo.

3. Refuerzo positivo por el esfuerzo, no por los resultados

Celebramos sus esfuerzos, no los resultados. Ya sea que digan “hola” a su manera o simplemente estén presentes en un entorno social, nos enfocamos en lo que se siente bien para ellos. Esto les ayuda a construir confianza sin la presión de cumplir expectativas externas.

4. Planes de juego con flexibilidad, no con estructura

Aunque las juegos estructuradas pueden ser útiles, hemos descubierto que la flexibilidad es clave. En lugar de planificar cada momento, dejamos que Adrián y Guillermo tomen la iniciativa. Si quieren jugar uno al lado del otro en lugar de juntos, está bien. Si necesitan un descanso, también está bien.

El objetivo es crear un espacio donde se sientan seguros para interactuar—o no—en sus propios términos.

5. Espacios seguros para regularse, no para aislarse

Los entornos sociales pueden ser abrumadores, y eso está bien. Hemos creado espacios seguros donde nuestros hijos pueden refugiarse si se sienten sobrestimulados. Estos no son lugares para esconderse, sino espacios para reagruparse y recargar energías, para que puedan volver a la interacción cuando estén listos.

6. Paciencia y compasión, no expectativas

El desarrollo social no es una carrera, y no hay una forma “correcta” de hacerlo. Hemos aprendido a dejar de lado los plazos y las expectativas, enfocándonos en su comodidad y felicidad. Algunos días, el progreso se ve como una gran sonrisa durante una conversación. Otros días, es simplemente estar presentes.

Ambos merecen ser celebrados.

7. Aceptar su forma única de socializar

Una de las lecciones más importantes que hemos aprendido es aceptar su forma única de conectarse con el mundo. Adrián puede expresar alegría agitando las manos, mientras que Guillermo puede conectarse a través de la música en lugar de las palabras. Estos no son comportamientos que haya que “corregir”—son expresiones hermosas de quiénes son.

Cuando dejamos de lado la idea de que solo hay una forma “correcta” de socializar, creamos espacio para que brillen a su manera.

Un camino de aceptación y crecimiento

Apoyar el desarrollo social de nuestros hijos no se trata de enseñarles a “encajar.” Se trata de ayudarlos a sentirse cómodos, seguros y aceptados por quienes son. Se trata de crear entornos donde puedan prosperar—no ocultando su verdadero yo, sino abrazando su forma única de ser.

Como padres, tenemos el poder de mostrarles que no necesitan cambiar para ser amados y aceptados. Y cuando dejamos de lado la presión por conformarse, les damos el mejor regalo de todos: la libertad de ser ellos mismos.

Recuerda, no estás solo en esto. Juntos, podemos crear un mundo donde nuestros hijos se sientan vistos, valorados y celebrados—exactamente como son.

Con amor y comprensión,
Dalisse

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